No se le puede invitar un café a un escritor comunista en estos tiempos

Publicado por Maily Sequera On 1:57 p. m. 0 comentarios


Primero, porque no hay leche
y mi gastritis insiste.
Pero haría el esfuerzo.
Sello de compromiso con la reconciliación nacional.
No es sencillo.
Lo intenté y lo sostengo:
No se le puede invitar un café a un escritor comunista en estos tiempos.
Es una pérdida de esfuerzo y de dinero.

Al escritor comunista no le gusta discutir, le gusta exponer.
Se salta las normas técnicas del discurso y el ensayo,
su argumentación es negacionísmo puro y duro.
El dato porcentual no sufre ningún contraste.
Su voz catedrática interrumpirá tus apuntes,
dirá que te calmes aunque estés calmado
-Lo que quiere decir el escritor comunista es que no pienses-
porque no quiere hablar contigo. Te ha leído.
Por lo tanto, ya te ha soportado.
Es momento de su monólogo.
Ha llegado la hora de que seas reeducado.
Vacía tu cerebro y escucha
porque el escritor comunista quiere discutir con un intelectual
pero tú vas a enseñarle cuánto te odia por serlo.

Te terminas el café o no,
pero el escritor comunista ya no te soporta.
El escritor comunista quiere terminar con esto.
No puede creer cómo lo has sacado de su oficina del Estado.
Cómo lo has apartado del escritorio, el eslogan,
                                    de Chávez mojado como un Backstreet Boys.

Quiere largarse. Se pregunta:
Porqué ha recreado contigo el acto social del café.
Cómo en el baño de esa panadería no hay agua.
Cómo empozar agua en un perol no es un plan B.

El escritor comunista se comienza a cuestionar.
El escritor comunista votó por un socialdemócrata.
Le gusta decir que cree en la democracia y escupe:
                   imperfecta,
                   hipócrita,
                   elitista forma de dominio imperial.
El escritor comunista no se dirá amante de la dictadura
sino de esta especie de reconversión universal
medidamente forzada
como en un Jonestown a gran escala.

El escritor comunista decide entonces que la discusión ha muerto.
Se marcha con las manos salpicadas de su orine.
En el bus, quiere usar su smartphone
sincronizar su furia
enfocar tu punto
desde una perspectiva
m e n o s
b u r g u e s a.
Pero
coronando todos sus prejuicios
el escritor comunista no confía en ningún hombre.
Le tiene más miedo al vendelápices de doce años
que a ti.

Fotografía: Corbis.com